¿Las mujeres nos hemos vuelto locas o qué? Cada vez estamos más obsesionadas con estar perfectas. Es llegar "la operación bikini" y en el cerebro femenino resuena el "bang" de la cuenta atrás. Adelgazar a toda prisa, lucir piernas de vértigo (sin un pelo y con el láser o la fotodepilación hechas a toda máquina y nunca mejor dicho), presumir de piel bronceada, o mostrar impecables las uñas de las manos y de los pies, son la dura penitencia estival para que se obre el milagro del cuerpo ideal .
Entre los consabidos mandamientos preveraniegos no falta el principal precepto: "la crema anticelulítica", a la que se le asignan poderes mágicos como quitar la piel de naranja, aún a sabiendas de que este problema tiene difícil solución (no vaya a ser que luego funcione después de todo). Por si todo eso no fuera suficiente, ahora las revistas también recomiendan cuidar el busto y el escote con la que está cayendo.
Entre los consabidos mandamientos preveraniegos no falta el principal precepto: "la crema anticelulítica", a la que se le asignan poderes mágicos como quitar la piel de naranja, aún a sabiendas de que este problema tiene difícil solución (no vaya a ser que luego funcione después de todo). Por si todo eso no fuera suficiente, ahora las revistas también recomiendan cuidar el busto y el escote con la que está cayendo.
Reportaje que emití sobre el cuidado del escote
Está claro que el culto a la belleza es la epidemia del siglo XXI. Una epidemia de la que ya fueron partícipes las estrellas de Hollywood de los años cincuenta gracias a la cirugía estética.
De sobra conocido es que gracias a este invento, Marilyn Monroe y Marlene Dietrich, se hicieron su nariz más chata, Rita Hayworth se cambió la forma del nacimiento de su cabello en la frente, y otras actrices de la época no dudaron en hacerse varios retoques para conseguir unos senos más voluptuosos o una cintura de avispa que tan de moda estaba entonces.
De sobra conocido es que gracias a este invento, Marilyn Monroe y Marlene Dietrich, se hicieron su nariz más chata, Rita Hayworth se cambió la forma del nacimiento de su cabello en la frente, y otras actrices de la época no dudaron en hacerse varios retoques para conseguir unos senos más voluptuosos o una cintura de avispa que tan de moda estaba entonces.
Lo que antes se contemplaba como un lujo sólo accesible a ricos y famosos se ha convertido, hoy por hoy, en una práctica al alcance de la clase media debido a las nuevas facilidades de pago que ofrecen las distintas clínicas. Todo esto ha contribuido a convertir la belleza en un negocio muy rentable que crece como la espuma y cuya demanda no ha bajado precisamente a pesar de la tremenda crisis que estamos viviendo.
Según datos de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, "España es el país europeo donde más intervenciones se realizan" y en el ranking mundial ocupa el tercer puesto después de Estados Unidos y Brasil. Sólo en el año 2004, trescientos cincuenta mil españoles desembolsaron más de mil millones de euros para retocarse alguna parte de su cuerpo en el quirófano.
Las operaciones más demandas por las mujeres españolas son la rinoplastia, el aumento de pecho y la liposucción.
La creciente preocupación por la apariencia física según diversos estudios sociológicos, se debe a la presión que ejercen los medios de comunicación(no nos olvidemos que cada vez contienen más anuncios relacionados con la moda y la salud) así como a la opinión generalizada de que los guapos tienen mayores oportunidades a la hora de trabajar y relacionarse.
Siendo así, y viendo que la imágen importa tanto a la hora de conseguir un empleo que ahora tanto escasea, no es extraño que la cabina del médico estético haya sustituido al diván del psiquiatra.